miércoles, julio 03, 2013

Fe y Confianza.

Fe y Confianza
Por el rabino Eliezer Shemtov

Si bien la fe mueve montañas, hay muchos que ven en la fe una especie de “muleta”, un mecanismo de escape de la realidad para aquel que no la quiere enfrentar con lógica y racionalidad.

Veamos algo sobre la fe, cómo funciona, y qué rol juega en la vida del judío creyente.

Para empezar, la fe no lleva a una postura pasiva, sino todo lo contrario: el que tiene fe está aún más motivado, confiando en que sus esfuerzos se verán coronados con éxito.

Hay dos instancias muy diferentes entre sí en las cuales se recurre a la fe: 1) antes que sucedan las cosas; 2) después que suceden.

Antes que sucedan, se aplica la versión de fe denominada Bitajón, o sea “confianza” y después que suceden se aplica la Emuná o la “convicción” que es todo para bien.

Según las enseñanzas jasídicas, la propia actitud positiva genera una energía positiva y ayuda a que las cosas salgan tangiblemente positivas.

Una vez que sucedan las cosas, aunque no salgan como a uno le hubiese gustado, uno aplica la Emuná y tiene la convicción que es todo para bien, aunque no entienda cómo.

Dos historias

Encontramos en el Talmud dos historias al respecto:

Rabí Akiva solía viajar siempre con un burro (para transporte), una gallina (para despertarlo de madrugada) y un farol (para poder estudiar de noche). Un día llegó a una ciudad y quiso pasar la noche ahí. Ya habían cerrado los portones y los guardias no lo dejaron entrar. “Todo lo que D-os hace es para bien”, dijo y, sin tener alternativa, fue a descansar en el campo. Al rato vino un león y le comió al burro. “Todo lo que D-os hace es para bien”, dijo. Al rato vino un gato y le comió la gallina. “Todo lo que D-os hace es para bien”, dijo. Al rato vino un viento y le hizo caer el farol, rompiéndolo. “Todo lo que D-os hace es para bien”, dijo.

De mañana fue a la ciudad para reponer su burro, gallina y farol y se encontró con que durante la noche vinieron ladrones y asaltaron a la ciudad. Ahí se dio cuenta que todo era para su beneficio. Si lo hubiesen dejado entrar a la ciudad, hubiese sido víctima del asalto. Si hubiesen visto el farol en el campo, lo hubiesen encontrado, como también si escuchasen el burro o la gallina... Pudo entender cómo todo lo que parecía negativo, era, en realidad, para su beneficio. 

La segunda historia es del maestro de Rabí Akiva, el sabio conocido como Najum Ish Gam Zu, quiere decir Najum “el hombre de ‘también esto’”. Lo llamaban así porque siempre, ante cualquier incidente en la vida - aún los que parecían ser negativos - decía “también esto es para bien”.

Un día los líderes de la comunidad judía de Israel decidieron mandar como regalo al rey de Roma una caja de piedras preciosas. Nombraron a Najum Ish Gamzu para que encabezara la delegación. En una de las paradas, alguien les robó las piedras, sustituyéndolas por arena. Cuando los integrantes de la delegación se dieron cuenta, se armó un escándalo. ¿Qué hacer ahora? Najum Ish Gamzu los tranquilizó. “Esto también es para bien,” dijo. “Sigamos a Roma con la caja de arena.”

Al llegar al palacio, los llevaron ante el Rey. “Trajeron un regalo de parte de los judíos de Israel,” anunciaron. Abrieron la caja y al ver su contenido el Rey se enfureció.

“¡¿Se están burlando de mi?!”

Eliahu Hanaví, disfrazado de ministro, le dijo al rey: “Su Majestad, ¿cree Ud. que los judíos son tan ingenuos como para insultarlo? Seguramente no se trata de arena común y corriente. Según la tradición judía, su patriarca Avraham venció en guerra a cinco reyes y sus ejércitos. ¿Cómo lo logró? Cuando les tiraba un puñado de arena se transformó, milagrosamente, en piedras grandes y flechas. Probablemente le trajeron a su Majestad de esa arena especial...”

“Bueno, pongámosla a prueba. Llevenla al frente y pruebenla,” ordenó el Rey. Dicho y hecho. La llevaron al frente y vieron que, efectivamente, se comportaba como esa arena milagrosa.

El rey estaba tan contento que llenó la caja de piedras preciosas como agradecimiento a los judíos de Israel.

En el camino a casa contaron a todos del milagro que les sucedió. El ladrón, al escuchar la historia pensó: “Wow! Yo sé de dónde viene esa arena. Le llevaré al Rey carros enteros. Seguramente me compensará mucho más que lo que dio por una mera cajita...”

Llegó a Roma con carros de arena y al probarla y ver que era nada más que arena común y corriente, le dieron lo que merecía...

Las dos historias nos muestran ejemplos de dos niveles diferentes de fe. En el primer caso, la fe ayudó a aceptar la realidad y confiar que era para bien. En el segundo caso la fe transformó el “mal” en “bien”. ¿Qué hubiese pasado si no les hubiesen robado las piedras preciosas? ¿Al Rey le faltan piedras preciosas? La convicción indomitable de Najum Ish Gam Zu logró transformar una situación naturalmente negativa en algo milagrosamente positivo.

Como dijeron nuestros Rebes: Trajt Gut, Vet zain Gut; Piensa bien y será bien.

La alegría

Una de las características muy entrelazadas con la fe es la alegría. La fe produce alegría y también la alegría provoca y fortifica la fe.

Cuentan de dos hermanos, Jasidim, que fueron encarcelados en la época del Zar. Resulta que en la celda había un balde destinado a las necesidades de los reclusos y está prohibido recitar las plegarias en dicho ambiente.

Uno de los hermanos se puso muy triste al no poder rezar. El otro se puso muy contento. “Mira,” dijo a su hermano, “el mismo D-os que quiere que recemos, quiere que no recemos en estas condiciones. Resulta, entonces, ¡que al no rezar estamos cumpliendo con su voluntad! 

Al darse cuenta de que descubrieron que las condiciones adversas les dieron una oportunidad de servir a D-os aunque sea de otra manera que lo usual, empezaron a cantar y bailar con alegría. La gente miraba con asombro y preguntaron a qué se debía tanta alegría. Los hermanos simplemente señalaron al balde mientras seguían bailando con fervor. 

Los guardias, al escuchar la conmoción, vinieron a investigar su causa. ¿Qué pasa aquí? ¿Por qué tanta celebración? preguntaron. Los demás reclusos apuntaron al balde. Los guardias no entendieron qué tenía que ver el balde con el baile pero querían restaurar el orden en la cárcel, así que entraron y sacaron el balde... 

La alegría de los hermanos logró lo que la tristeza nunca hubiese logrado. Ahora pudieron rezar como D-os manda...

La fe “por las dudas”

La fe sirve también “por las dudas”...

Cuentan de un padre e hijo que estaban corriendo para alcanzar al tren. “Olvidate, Papitos” dijo el hijo, “dejemos de correr porque seguramente ya lo perdimos.”

“Puede ser,” dijo el padre, “pero prefiero perderlo intentando...”

¿Será una ingenuidad? ¿Un capricho? ¿Terquedad? Yo lo intenté en más de una ocasión y me dio buen resultado... 

Originalmente publicado en el Semanario Hebreo

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