sábado, abril 20, 2013

La caridad Previene penalidades.


Muchas de las multas y pérdidas económicas que les llegan al hombre, provienen de su falta de suficiente caridad...
 
La caridad previene penalidades
 
Aquí es el lugar apropiado para hacer notar, que muchas de las multas y pérdidas económicas que les llegan al hombre, provienen de su falta de caridad.
 
Enseñaron los Sabios que el sustento del hombre está determinadoen el comienzo del año, y así también sus privaciones y pérdidas. Si se lo merecerá – dará a la caridad el dinero que le fue decretado perder, y si no lo merecerá – lo perderá por medio de multas, impuestos, doctores, deterioros, etc. En otras palabras, la caridad previene penalidades. El relato siguiente nos lo demostrará:
 
Se cuenta sobre un gran Sabio que tuvo un sueño a comienzo del año, en el cual se le reveló que los hijos de su hermana estaban destinados a perder ese año la suma exacta de setecientos dinares.
 
¿Qué hizo el Sabio? Durante todo el año visitó a sus sobrinos una y otra vez, y les pidió caridad con todo tipo de excusas y convencimientos, una vez para esta causa y otra vez para otra, hasta que recolectó casi toda la suma excepto diecisiete dinares que no logró llevarse.
 
El día de fin de año al anochecer, llegó a la casa de los sobrinos un recaudador del emperador, y en su mano una orden para cobrarles diecisiete dinares. Después que le dieron el dinero y el recaudador se fue, se quedaron los sobrinos del Sabio con el temor de que la oficina de impuestos había puesto sus ojos sobre su dinero, y volverían ahora a recolectar más y más. Cuando contaron su pesar a su tío, este los tranquilizó y les dijo: “¡No tengan miedo! Los diecisiete dinares que pagaron son suficientes, y no tendrán que pagar más”.
 
“¿Y  cómo  lo  sabes?”,  preguntaron  escépticos los  sobrinos,  “¿Acaso  tienes  contactos  con  los recaudadores de impuestos, o acaso eres un profeta?”. Les contestó el Sabio: “No tengo ningún contacto con los recaudadores de impuestos del emperador, y no soy un profeta ni un hijo de profeta. Pero contactos con el Encargado Superior – el Creador del Universo – sí que tengo. Ya en el principio del año me fue mostrado exactamente  cuánto  dinero  perderían,  y  recolecté casi toda la suma para caridad. Quedaron solamente esos diecisiete dinares que no logré recolectar, y los recaudadores  de  impuestos  vinieron  a  completar el trabajo.
 
Deben saber bien, que si no les hubiera recolectado el dinero para caridad, tendrían que haber pagado todos lo setecientos dinares obligatoriamente, no para bien y con mucha pena por el dinero que se hubiera llevado  el  fisco.  Pero  ahora  ustedes  tuvieron  el mérito de donar el dinero para objetivos importantes, y  ganaron  mucho  más  con  los  privilegios  y  la recompensa por la caridad que hicieron. Es también muy probable que se enriquecerán, porque cada uno que abre su mano para hacer caridad, está bendecido en todo lo que hace”.
 
Se lamentaron los sobrinos por su gran esfuerzo y le dijeron: “¡Querido tío! ¿Por qué no nos contaste desde el principio que así fue decretado desde lo Alto? Lástima que te cansaste una vez tras otra para venir y convencernos de hacer caridad. Nos hubieras advertido que nos fue decretado perder los setecientos dinares, y hubiéramos dado toda la suma de una vez al comienzo del año”.
 
“Yo  quise  que  lograran  hacer  caridad  por  la caridad en sí, sin ningún interés personal y no para salvarse de un Decreto Celestial”, les respondió el Sabio.
 
Los sobrinos le agradecieron, y debido a que así eran las cosas y que aceptaron que cada año se le decreta al hombre cuánto perderá, desde aquel momento ellos buscaron todas las posibilidades y oportunidades para hacer cuanta más caridad posible, entendiendo el gran poder de este elevado Precepto.
 
Hemos visto que muchas veces el hombre tiene que pagar multas solamente para completar la suma que le fue decretada perder en ese año. Porque hay una contabilidad en el Cielo que se preocupa de que el hombre pierda la suma entera que le fue decretada. Pero, si lo mereciera y se hubiera adelantado y dado ese dinero en caridad, se hubiera salvado de toda pena en forma de pago de multas, y lo más importante – lograría cumplir el gran Precepto de la caridad, que ciertamente lo salvaría de muchas penas y tribulaciones.
 
Expiación de pecados
 
Además de lo que al hombre le fue decretado perder según el Tribunal Celestial en el comienzo del año, hay veces que le llegan pérdidas adicionales para expiar sus pecados. Aquí también tiene la alternativa: dar su dinero en caridad por su libre albedrío con alegría, y merecer así la expiación de los pecados y la recompensa por el cumplimiento del Precepto de la caridad; o poder perder su dinero a pesar suyo con aflicción, y esa será su expiación.
 
De aquí debe el hombre aprender a no cerrar su mano a la caridad. Al contrario, debe buscar caminos y subterfugios para donar grandes sumas en cada oportunidad, porque es muy probable que ese mismo dinero que da, le fue decretado perder. En lugar de perderlo en desarreglos, impuestos, multas y en aflicciones, logrará el mérito de cumplir el gran Precepto de sostener a los servidores del Creador y a los pobres, y de difundir la conciencia de la fe auténtica en el Creador alrededor del mundo – mediante la difusión de artículos, libros, y CDs sobre este tema – y sus pecados serán expiados.
 
Por lo tanto, cuando el hombre comete una infracción de tránsito y es detenido por un policía, inmediatamente debe hacer el cálculo, si no dio el diezmo de su dinero ese mes para caridad, o si generalmente no dona lo suficiente, y entonces determinará donar una gran suma y declarará: “Yo me comprometo a dar tal y tal suma para caridad”.
 
Es una gran acción comprometerse a donar dinero para caridad. Incluso si el hombre no fue juzgado en el Cielo por la falta de caridad y fue detenido por otra razón, el mérito de comprometerse a hacerlo inclina a la Justicia del Tribunal Celestial en su favor. El hecho de ser declarado inocente por la Corte Divina, se expresa en este mundo en forma de que todo se le transforma para bien: el hombre se salva de multas, de mostrar sus licencias, de juicios y de otras condenas. Gracias a la caridad, toda situación puede ser cambiada para bien.
 
 
Continuará…
 
 
(Extraído del libro "En el Jardín de la Fe" por Rabi Shalom Arush, Director de las Instituciones "Jut shel Jésed" – "Hilo de Bondad")

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