lunes, marzo 25, 2013

El ayuno de los primogénitos en Pesaj.

El ayuno de los primogénitos


(Selección de comentarios del Lubavitcher Rebe: Menajem Mendel Schneerson)


El día que precede a Pesaj es el "Ayuno de los Primogénitos". En este día, todos los primogénitos judíos varones recuerdan que "Cada primogénito en Israel Me pertenece; pues en el día en que aplasté a todo primogénito en la tierra de Egipto, consagré para Mí a todo primogénito en Israel, tanto de hombre como de animal"[1].

Nuestros Sabios explican que los judíos en Egipto habían asumido las prácticas idólatras de los egipcios; de muchas maneras, eran tan espiritual y moralmente corruptos como sus esclavizadores. De modo que cuando Di-s mató a todos los primogénitos egipcios en la víspera del Exodo, los primogénitos judíos eran, por todos los criterios objetivos, merecedores de un destino similar. Di-s pasó por alto (pasáj, en consecuencia el nombre de la festividad) los hogares de los israelitas esa noche, expresando Su amor incondicional por Su pueblo.

Porque a los primogénitos se les había concedido sus vidas por gracia de Di-s, ahora Le "pertenecían". A partir de esa noche, todo primogénito judío, y todos los animales primogénitos que pertenecen al judío (la plaga de los primogénitos había matado también a todo primogénito del ganado egipcio), fueron consagrados a Di-s.

Inicialmente, los primogénitos tenían destinado servir como kohaním ("sacerdotes") en el Santuario. Pero como resultado del pecado del Becerro de Oro, en el que todos los judíos -con la excepción de la tribu de Leví- participaron en una medida u otra, el rol de representar al pueblo en su servicio a Di-s fue transferido a los Levitas, quienes servirían de ahí en más como kohaním y sus asistentes.

Los primogénitos, sin embargo, siguieron consagrados a Di-s desde el nacimiento, y la Torá ordena que el padre judío compense el deber intrínseco de su hijo primogénito de servir a Di-s en el Santuario "redimiéndolo" con un regalo de cinco shekalím [2] de plata al kohén [3].

En cuanto a los primogénitos animales, estos eran ofrendados como korbán (sacrificio) sobre el altar en el Santuario y su carne comida por los kohaním. Aun cuando las condiciones no permiten su ofrenda como korbán (como es el caso hoy en día), los primogénitos del ternero, el cordero o la cabra [4] conservan su santidad, y tenemos prohibido comerlo o hacer uso de éste de manera alguna.

El Debate

El Talmud [5] registra una extensa deliberación de los Sabios, sostenida en la célebre academia de Iavne, sobre la naturaleza y leyes del korbán bejor, la ofrenda del primogénito.

En términos generales, hay tres tipos de korbán:
1) La olá (la ofrenda "Subida", comúnmente traída como donación), cuya carne se incineraba sobre el altar.
2) El jatát y el ashám (las Ofrendas por Pecado y Culpa, traídas para expiar una transgresión o para lograr la reparación de ciertos estados negativos), que eran comidos por los kohaním.
3) El shlamím (la Ofrenda de Paz, de la que hay muchos tipos, incluyendo aquellas traídas como dádiva, para celebrar las festividades, o para expresar gratitud a Di-s), cuyo grueso era comido por quien traía el korbán, a excepción de aquellas porciones dadas a los kohaním [6].

Prima facie, la ofrenda del primogénito parecería asemejarse más a las ofrendas por pecado y culpa: al igual que aquellas, el primogénito era entregado enteramente al kohén. Por lo tanto, Rabí Iosí de Galilea sugiere que las leyes que rigen la ingesta de la ofrenda del primogénito deberían seguir el modelo de las ofrendas por pecado y culpa.

Pero Rabí Akivá refuta esta óptica señalando que la Torá compara expresamente la ofrenda del primogénito a la ofrenda shlamím - específicamente, a las partes del shlamím dadas al kohén [7]. Por lo que cuando se come la carne de la ofrenda del primogénito, los kohaním deberían seguir las leyes que rigen su consumo del pecho y la pata de un shlamím.

Pero hay diferentes tipos de shlamím, cada cual regido por leyes distintas. ¿Que conjunto de leyes debería aplicarse a la ofrenda del primogénito?

Rabí Iosí sugiere que comparemos el primogénito a la "ofrenda de gratitud" (korbán todá), que se traía para expresar gratitud a Di-s por salvarlo del peligro [8]. Aquí, también, la comparación parece lógica: las ofrendas del primogénito y de gratitud son, ambas, ofrendas obligatorias, en tanto que los demás tipos de shlamím son básicamente voluntarios [9]. Pero Rabí Akivá nuevamente refuta la comparación, demostrando que la ofrenda del primogénito es comparada por la Torá al shlamím estándar más bien que a la todá.

Esta visión es secundada por Rabí Ishmael, quien también demuestra (por un método diferente) que el primogénito no ha de ser comparado a la todá, pese a su aparente similitud.

Sin Comparación

Como el ser humano al que se dirige, la Torá consiste tanto de un cuerpo como de un alma. El "cuerpo" de la Torá es su instrucción de vida física, las mitzvot, mandamientos y prohibiciones que rigen los detalles de nuestra existencia cotidiana. Pero cada ley y prohibición tiene también una significatividad espiritual, un sentido interior que hace a nuestro ser espiritual y a nuestra relación con el Omnipotente. Lo mismo es cierto de las leyes del primogénito, incluyendo el debate legal que define que el animal primogénito no ha de ser comparado a la ofrenda por pecado o a la de gratitud; todo esto tiene su contraparte en el "alma" de la Torá.

"Mi hijo primogénito, Israel" [10], es como Di-s describe su relación especial con el pueblo judío. Este "primogénito" -como el "primogénito" de la ley de la Torá- es tanto humano como animal. En las palabras del gran cabalista Rabí Jaím Vital, citado por Rabí Shneur Zalman de Liadí en su Tania, "Cada judío, sea perfectamente justo o malvado, tiene dos almas" [11]: un "alma animal" y un "alma Divina".

El alma animal es la esencia de la vida física; su foco está puesto en su propio ser, cada uno de sus actos motivado por la búsqueda de la realización y el progreso propios. En esto, el hombre es apenas otro animal; uno sumamente sofisticado e inteligente, pero animal sin embargo. El alma Divina representa lo que es claramente humano en el hombre: su capacidad de autotrascendencia.

El alma Divina es "literalmente una parte de Di-s de lo Alto" [12], una chispa de Divinidad que gravita hacia su fuente, esforzándose por escapar al Yo y ser anulada dentro del ser de Di-s.Dado que el mismo cuerpo sirve a ambas almas como vehículo para la concreción, esto explica la pugna perpetua de la vida: la pugna entre materia y espíritu, entre la autoafirmación y la abnegación. Cualquier pensamiento, deseo o acto del hombre, emana de una de sus dos almas, dependiendo de cuál de ellas ha ganado en ese momento dominio sobre la otra y se afirma a través de su comportamiento [13].

Con todo, tanto el hombre como el animal en el judío están intrínsecamente consagrados a Di-s. El alma animal podría ser egoísta, pero no es mala. Es cierto que, abandonada a sus propios dispositivos, el animal en el hombre tiende a la más inmediata y superficial de las gratificaciones, al absoluto
desinterés por cualquier otro hombre o cosa; pero cuando es educada y encaminada adecuadamente, el instinto de Yo del alma animal no es en nada menos "santo" -o sea, en nada menos vehículo de conexión con Di-s- que la abnegación del alma Divina.

Este es el significado más profundo de la discusión entre Rabí Iosí y Rabí Akivá. Vista superficialmente, la ofrenda del animal primogénito sobre el altar de Di-s parece un tipo de ofrenda por pecado o culpa, en cuanto el alma animal es la fuente de los actos negativos y pecaminosos. Pero como Rabí Akivá lo demuestra, la Torá no considera la ofrenda del primogénito como teniendo que ver con la expiación por la maldad. Sí, el animal en el judío puede ser causa del pecado, pero ésta es una corrupción de su genuina naturaleza y función. En esencia, está libre de maldad o falla.

Otra concepción más benigna del alma animal es que es una prueba, un desafío a la integridad del alma Divina. Como tal, no es maldad; por el contrario, al desafiar al alma Divina, al contrastar el ser espiritual del hombre con su propio materialismo, el alma animal estimula los más altos potenciales del alma Divina, revelando la profundidad de su abnegado anhelo por Di-s.

Este es el concepto que se oculta detrás de la comparación del animal primogénito con la "ofrenda de gratitud" que representa el triunfo de la persona por sobre la adversidad y la manera en que esto la trae más cerca de Di-s. De hecho, esto describe una de las funciones del alma animal [14].

No obstante, insiste Rabí Akivá, no define su esencia. Pues ello significaría que mientras es un medio hacia un excelso fin, el animalismo del hombre mismo es un fenómeno negativo. De modo que la Torá rechaza la comparación del animal primogénito con el korbán todá. Más bien, es una armoniosa y perfecta "ofrenda de paz" [15].

Pues el alma animal es intrínsecamente positiva: en última instancia, luego de que sus expresiones negativas han sido eliminadas, después de que se ha hecho frente a su desafío a la espiritualidad del hombre, es una fuerza a ser cultivada. En última instancia, el "Yo" del hombre puede desarrollarse en un elemento constructivo en su relación con Di-s y la concreción de su misión
en la vida [16].

Basado en Likutéi Sijot, Vol. XXIII, págs. 138-40

Notas:
1. Números 3:13.
2. Aproximadamente 102 gramos.
3. Este es el significado de la ceremonia de Pidión HaBén llevada a cabo para un primogénito varón no-Levita en su trigésimo primer día de vida.
4. Sólo los primogénitos de los animales kasher domesticados del judío eran ofrendados sobre el altar. Sin embargo, el primogénito de un animal no-kasher, el burro, debe ser "permutado" por un cordero, que luego es entregado al kohén.
5. Zevajím 57a; comp. con Sifrí sobre Números 18:18.
6. Levítico, caps. 1-7; Midrash Tadshé (también llamado "Baraita de Rabí Pinjás ben Iaír"), cap. 12; Mishné Torá, Leyes de los Procedimientos de las Ofrendas, 1:2. Para un análisis de estas tres categorías de korbán y su significado como componentes del servicio y relación del hombre con Di-s, véase "La Conexión
Jevrón", en "El Rebe Enseña", Vol. 2, pág 195.
7. Números 18:18.
8. Por ejemplo, recuperarse de una enfermedad que amenaza la vida, liberarse del cautiverio, o la conclusión segura de un viaje peligroso.
9. Hay otras ofrendas shlamím obligatorias, pero sólo el conjunto de leyes que rigen a la todá son exclusivas de las ofrendas obligatorias.
10. Exodo 4:22.
11. Tania, Cap. 1.
12. Ibíd., Cap. 2.
13. Ibíd., Cap. 9.
14. Comp. con Zohar II, 163a; Tania, fin de los Caps. 9 y 29.
15. Shlamím se relaciona con las palabras hebreas para "paz" (shalóm) y "plenitud" (shalém).
16. Además, la discusión del Talmud concierne a las leyes que gobiernan la "carne" de la ofrenda del primogénito, una referencia al cuerpo que alberga al alma animal. Así, no solamente la vitalidad física del judío es intrínsecamente positiva y santa, sino también la substancia misma de su cuerpo.

Rabbi Menajem Mendel Schneerson. Vol2.